25.5.09

bucarest la memòria perduda y les pel·lícules del meu pare: dos películas a la busca de un padre



Dos películas recientes han reflexionado sobre la búsqueda del padre a partir de puntos de vista ciertamente similares pero con resultados no solamente desiguales sino opuestos. Ambas películas parten de la ausencia paterna como impulso para la historia: en el documental Bucarest, la memòria perduda (2008) de Albert Solé, el diagnóstico de Halzeimer del padre del protagonista (el mismo Solé), impulsa al director a buscar no sólo sus raíces, sino de trazar una biografía de su propio padre en la que el mismo Albert Solé aparece como un eje fundamental. En la película de ficción Les pel·lícules del meu pare (2007) de Augusto Martínez Torres, la ausencia del padre viene dada por su muerte y un acontecimiento posterior que le impulsa a investigar en torno a su figura, una carta por parte de una productora en la que solicita que retire unos negativos que tiene depositados. Ciertos puntos del desarrollo además, son compartidos: el protagonista Albert Solé sigue los pasos de la biografía de su padre por media Europa, lo cual le da pie a además a reflexionar sobre sus propios orígenes y, más aún, sobre la situación de la izquierda durante el franquismo y después en la transición, ya que Jordi Solé Turá, que llegó a ser ministro de cultura con el gobierno socialista en los años ochenta.
La protagonista de Les pel·lícules del meu pare indaga sobre las películas que produjo su padre hasta 1980 y así como la película de Solé se preocupa por construir un relato veraz de una época, en Les pel·lícules... hay un juego continuo entre la realidad y la ficción pues el padre de la ficción es en realidad Augusto M. Torres, el director de la película.
El problema de ambas películas es la autocomplacencia en la que caen: Bucarest es a veces una hagiografía paterna sin ningún ánimo crítico y Les pel·lícules... es un arrebato ombliguista en el que Martínez Torres habla una y otra vez de sí mismo, de sus propias obras, de las actrices con las que trabajó, del origen de las historias que filmó, etc. pero existe entre ambas una enorme diferencia:
La película de Solé es una película creada intencionadamente para generar un debate. Un debate sobre la izquierda en el franquismo, sobre la izquierda en la transición, sobre las contradicciones del Partido Comunista Español y del PSUC, sobre cómo se ha gestionado la memoria histórica en España y cual es el papel que aún sigue desempeñando el franquismo en nuestra sociedad.
En la película de M. Torres no hay una voluntad de ir más allá que de la promoción de sus propias películas (obvia aquel engendro que realizó en los ochenta con Alfredo Landa, curiosamente) y una voluntad estética y voyeur que se queda a medio camino ya que tampoco compone imágenes de suficiente impacto como para llegar a apreciar su contenido estético. Además la redundante y retórica voz en off no hace si no aumentar la sensación de pesadez onanista del filme. Además, sus abundantes contradicciones y el desaprovechamiento de algunas situaciones o ideas como el mismo arranque o la idea de la habitación del padre, lastran una película con demasiadas pretensiones para un resultado tan deficiente.
Así, después de todo, Bucarest resulta una película recomendable aunque sin excesos. Es una lástima que no haya existido una mayor preocupación por parte de Solé de desarrollar estéticamente la película, por ejemplo con planos como el del laberinto final, de una enorme fuerza simbólica, pero en conjunto resulta ser un muy buen documental.